El descanso, elemento fundamental para tu piel

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Lucir una piel bonita no es sólo cuestión de belleza. Se trata también de un reflejo de la propia salud. Tanto el tono como la textura de la misma dicen mucho acerca de nuestras condiciones físicas. Aspectos como los hábitos alimenticios, los niveles de estrés o el ritmo de vida influyen en la salud de nuestra piel. Por eso, además de cuidarla por fuera, hemos de hacerlo desde dentro. El primer punto a tener en cuenta: el sueño.

Mantener una piel saludable no requiere de grandes esfuerzos, pero sí de una atención continuada para obtener los resultados esperados.

Hemos de tener en cuenta que la piel actúa como la primera capa de protección de nuestro organismo, además de constituir la parte más evidente de la apariencia física. Por lo tanto, los cuidados que le proporcionemos tendrán una doble función: mantenerla sana y, además, bonita. El primer paso a tener en cuenta: un buen descanso.

El descanso, elemento fundamental

Durante las horas de sueño, nuestra piel se regenera del desgaste y las agresiones sufridas a lo largo del día. Por eso, hemos de procurar no solo dormir el tiempo suficiente, sino también disfrutar de un sueño plácido y cómodo, de manera que podamos lograr un sueño verdaderamente reparador.

  • ¿Cuánto tiempo dormir?

En edad adulta, el tiempo medio de sueño nocturno suele oscilar entre 7 u 8 horas, aunque este período varía en función de cada persona. No obstante, éstas son las horas mínimas aconsejables para proporcionar un descanso adecuado a nuestro organismo. La noche es el momento ideal para la regeneración celular y, cuanto más prolonguemos el tiempo de sueño, más descansada estará nuestra piel al despertar.

  • ¿Cómo dormir?

Elementos como el colchón y la almohada pueden condicionar extremadamente nuestra capacidad de descanso. Pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida durmiendo, por lo tanto, es necesario que nuestra cama esté perfectamente equipada.

Entre las características que un colchón debe reunir, destacan las siguientes:

– No tener una antigüedad superior a diez años.
– Su superficie ha de ser homogénea (sin desniveles o huecos posturales), firme y adaptable a nuestro cuerpo.

En cuanto a la almohada, ésta ha de ajustarse a las necesidades y los perfiles de cada persona. Actualmente existen en el mercado infinidad de clases y modelos de almohadas y su elección depende del tipo de necesidad.

Si sigues estos consejos, seguro que despertarás mucho más guapa y renovada.

 

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