Clara Campoamor, política y defensora de los derechos de la mujer a principios de siglo XX

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Rafael Guerrero Elecalde, Doctor en Historia en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), dedica su principal línea de investigación a las élites gobernantes de la España del Antiguo Régimen. Desde 1998 participa en grupos de investigación adscritos a la Universidad del País Vasco, así como en otros de carácter internacional. Asimismo, ha presentado los resultados de sus trabajos en diversos foros nacionales y extranjeros. Ha sido colaborador del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y actualmente es miembro del Consejo de la revista argentina “Prohistoria”.
Dirige LAUR Documentos, una empresa dedicada a ofrecer servicios de investigación histórica a toda clase de público: familias, empresas, investigadores, etc., con productos orientados a sus necesidades (biografías, genealogías, búsqueda documental, historia familiar, de empresas, etc.). Su premisa: “La Historia al alcance de todos”.

En la anterior entrada de “Las mujeres en la Historia” recordamos el movimiento sufragista, haciendo un mayor empeño en aquellos países donde tuvo mayor relevancia, como Gran Bretaña y los Estados Unidos. Como vimos, en España su influencia fue mucho menor, aunque sí existieron figuras importantes que defendieron con fuerza la instauración del voto femenino y los derechos de la mujer, en general.

Una de las principales, y quizás la más reconocida, fue Clara Campoamor. Nació el 12 de febrero de 1888 en el madrileño barrio de Maravillas, en una familia sencilla; su madre ejercía de modista y su padre, quien falleció cuando sólo tenía diez años, estuvo empleado en un periódico. Al quedar huérfana, Clara hubo de aparcar los estudios para trabajar en diversos oficios: dependienta de un comercio, planchadora… para ayudar en la economía familiar.

En 1909, ganó una plaza como auxiliar de Telégrafos, siendo destinada a Zaragoza y, posteriormente, a San Sebastián. En 1913, obtiene por oposición un puesto de profesora de Taquigrafía en la Escuela de Adultos de Madrid, que comienza a compaginar con labores de secretaria en el periódico La Tribuna.

En 1916 ingresa en el Ateneo de Madrid, donde llegó a formar parte de la junta directica con Azaña. Allí coincidió con grandes personalidades del progresismo español, lo que le ayudó a desarrollar cierta actividad política. De hecho, en el Ateneo fue donde públicamente se declaró republicana. Cuando Primo de Rivera cerró dicha institución, se abrió el Lyceum Club Femenino Español, un espacio libre para todas las ideas, con base laica y con grandes fundamentos combativos. Tomaron partido los nombres más ilustres de la intelectualidad española, representados por sus esposas, así como las mujeres más reconocidas, entre las que destacó la propia Clara Campoamor. En total, unas quinientas con pensamiento propio y de acción positiva.

En 1921, Clara inicia sus estudios de Bachillerato, en el Instituto Cisneros, a la vez de otros trabajos: auxiliar-mecanógrafa en el Servicio de Construcciones Civiles (Ministerio de Instrucción Pública) o la traducción de obras del francés. En realidad, éstos fueron años de preparación, estudio, duro trabajo, pero también reivindicación y compromiso político. Ya es reconocida en ambientes feministas y progresistas e interviene activamente en la fundación de la Sociedad Española de Abolicionismo, que luchaba por el fin de la prostitución, y pronuncia sus primeros discursos.

El 1923, obtiene el título de bachiller, matriculándose en Derecho y a finales del año siguiente obtiene su licenciatura. En pocos años, una secretaria sin bachillerato se ha convertido en una abogada con despacho propio y en una figura destacada del feminismo español. En 1928, participa en el XI Congreso Internacional de Protección de la Infancia (Madrid), donde ya comienza a expresar su preocupación por la importancia de la defensa de los niños.

Fueron años de inestabilidad política, de incertidumbre y de cambios en España. Clara Campoamor, comprometida profundamente, se colocó en los primeros puestos de la vida política nacional. Desde el principio, decidió no alinearse con la dictadura de Primo de Rivera y, en 1929, entró a formar parte del partido Acción Republicana.

La II República permitió a las mujeres ser elegidas en las elecciones a las Cortes, pero no electoras, proclamando el Gobierno Provisional el sufragio universal para los varones mayores de edad (23 años). Acción Republicana no quiso incluir a Campoamor como cabeza de lista, por lo que decidió abandonar dicha formación para integrarse en el Partido Radical, de Lerroux: desde aquí ingresa también en la masonería.

Las elecciones se celebraron el 28 de junio de 1931 y de los más de 400 diputados, fueron elegidas dos mujeres: Campoamor y Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista. Poco después, Clara fue designada por su partido para la Comisión de Constitución, a petición propia, para poder presionar en lo concerniente en el derecho al voto femenino.

Así lo defendía en la prensa de la época: “La mujer española ha dado pasos decisivos en poco tiempo. Aquí mismo, en Madrid, hace menos de una década que se destacaba por la prensa, como un fenómeno raro, el hecho de que las mujeres asistiéramos a las comidas o banquetes con que se celebraba algún acontecimiento político, artístico o de otro orden cualquiera. Los reflejos aportados por el ‘cine’ — espectáculo no siempre encauzado de la mejor manera, — han dado a la mujer española, probablemente, la visión de otro tipo de vida más independiente y han originado una transformación amplia en el cuadro de las costumbres. Estamos, pues, en un terreno que llamaríamos ‘de esperanza’, ya que una vez que lo consuetudinario cristalice en las leyes, el panorama será más halagüeño y justo para el sexo al que pertenezco”.

«La mujer de nuestros días a salido a la calle, ha concurrido a los escritorios, ha llegado a la cátedra y alterna con el hombre en todas sus actividades, (…) es legítimo que la que sufre y observa en las actividades de una fábrica, quiera algún día guiar un automóvil, pronunciar un discurso, servir de testigo en un instrumento público o entrar libremente en un café, sin afrontar las miradas socarronas de los contertulios”.

En principio, en las Cortes, durante los debates al anteproyecto confeccionado por dicha comisión, no hubo mucha oposición a la inclusión del sufragio femenino en la Constitución republicana, aunque siempre estaba latente cierto miedo por parte de la izquierda y el Partido Radical, el de Clara, a una definitiva aprobación: creían que ellas eran criaturas de la derecha controladas por sus confesores.

Finalmente, la bomba estalló cuando Victoria Kent decidió tomar una postura muy virulenta contra Clara Campoamor y del sufragio femenino, argumentando que aún la mujer no estaba preparada para ejercer este derecho. Esta postura enrareció aún más el debate dedicado a la aprobación de la constitución. Con todo, se reconoció constitucionalmente el derecho de la mujer al sufragio: En las Cortes, Clara Campoamor votó a favor de dicha medida, contradiciendo la postura su partido, que lo hizo en contra.

Cuando en 1933 se celebraron nuevas elecciones, las primeras en las que las féminas pudieron votar, Clara Campoamor perdió su escaño. Entonces, Lerroux le ofreció la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social. En octubre de 1934, Clara dimitió al conocer la brutalidad de la represión de la llamada Revolución de Asturias y, seguidamente, el 23 de febrero de 1935, se dio de baja del Partido Radical.

En las elecciones generales celebradas en febrero de 1936 triunfó el Frente Popular. Clara Campoamor no pudo presentarse a ellas como candidata, ya que, a pesar de mostrar su interés por integrarse en la Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, no fue admitida en sus filas. Asimismo, los primeros compases de la Guerra Civil los vivió en Madrid. Allí pudo conocer los horrores de la contienda: checas, fusilamientos, las persecuciones…, y en agosto de ese año decidió abandonar España vía Alicante, donde se embarcó en un buque alemán rumbo a Italia. Desde allí su intención era asentarse en Lausana, Suiza. Fue un viaje complicado, amenazada de muerte por los falangistas.

En 1938 se instaló en Buenos Aires, donde se ganó la vida con libros y traducciones, y frecuentaba a otros ilustres exiliados como Niceto Alcalá-Zamora. Algunos años después realizó algún viaje a España, pero la amenaza de las autoridades franquistas, que la perseguían por sus actividades en la masonería, entre otras acusaciones, le obligó a volver a su retiro americano.

En 1955, abandonó para siempre Argentina y regresó a su antiguo domicilio de Lausana, en Suiza. Desde allí, intentó en alguna ocasión entrar a España desde Irún pero, por resultar muy peligroso, sus más íntimos colaboradores se lo desaconsejaron. Tras otros 17 años de exilio, y sin poder regresar a su patria, Clara Campoamor falleció el 30 de abril de 1972.

Figura fundamental del feminismo español, así fue descrita por un periodista en 1931: “Espíritu inquieto, vivaz, de inteligencia robusta. Nacida en Madrid, posee la característica del madrileño, alegre y optimista. De allí emana su mayor atracción y simpatía. Trabaja incesantemente y da la sensación de no fatigarse nunca. Preside asambleas, funda instituciones, representa a España en los Congresos de Ginebra, Praga, Berlín, viaja por Europa en correspondencia con las actividades femeninas de todos los países, resuelve los asuntos más difíciles, atiende su bufete de abogada, actúa en sociedad, asiste a teatros y conciertos, y en ese vértigo de su vida, jamás se la encuentra malhumorada ni cansada. Es un caso sorprendente de actividad y dinamismo (…). Emprendió una labor entusiasta en favor de la mujer española, y para ello se puso en contacto con los ideales que sustentan los países europeos y americanos en tal sentido. (…) Sus facultades de oradora le valieron los más grandes éxitos. Tiene el don divino de la palabra en grado superior, y la gracia fina y sutil juguetea en su oratoria con sentido crítico agudísimo”.

Para quien quiera seguir explorando sobre Clara Campoamor, recomiendo este enlace de TVE:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-en-la-historia/mujeres-historia-clara-campoamor/713371/

Fuentes: Fernando Álvarez-Uría, “Mujeres y política. Las políticas de las mujeres en la España de la Segunda República y la Guerra Civil”, Papers, 2013, 98/4, pp. 629-646; Estela Gilbaja Cabrero, “Clara Campoamor y el sufragio femenino en la Constitución de la Segunda República”, en Asamblea. Revista parlamentaria de la Asamblea de Madrid, num. 29, dic. 2013; Jorge J. Montes Salguero, “La lucha por el sufragio: Clara Campoamor”, Anuario de historia del derecho español, num. 67, 1997 (Ejemplar dedicado a: En memoria de Francisco Tomás y Valiente), págs. 847-860; Mundo gráfico. 2-10-1929, 7-10-1931, 8-12-1931, 16-3-1932, 22-7-1931, 27-4-1932, 31-1-1934, 5-10-1928, 15-4-1932, 18-9-1931; Caras y caretas (Buenos Aires). 8-8-1931, 16-12-1933.

 

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